martes, 23 de septiembre de 2014

¿PUEDEN COMULGAR LOS DIVORCIADOS QUE SE HAN VUELTO A CASAR? DEBATE ENTRE WALTER KASPER Y CINCO CARDENALES



La "guerra preventiva" en vista del Sínodo: un nuevo libro con textos de Müller, Burke, Caffarra, Brandmuller y De Paolis, que declaran inadmisible la propuesta de permitir, en ciertos casos, la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. Kasper: "No segundas nupcias, sino una barca para la salvación".

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO
FUENTE: VATICAN INSIDER.

Nunca había sucedido que un Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en funciones publicara en pocas semanas dos libros para declarar inadmisible cualquier cambio a la postura de la Iglesia sobre el tema que está por ser discutido en una reunión sinodal. Lo hizo el cardenal Gerhard Ludwig Müller, que desde 2012 guía el ex Santo Oficio: en julio dio a la imprenta un libro-entrevista en el que se declaraba contrario a cualquier apertura en relación con la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar (“La esperanza de la familia”, ediciones Ares), y ahora su nombre es el más vistoso entre los firmatarios de un volumen colectivo que se titula “Permanecer en la verdad de Cristo” (que ya fue publicado en los Estados Unidos y que acaba de ser impreso en Italia), cuyo contenido fue dado a conocer ayer por el periódico italiano “Corriere della Sera”.

Los demás autores son otros cuatro purpurados: Carlo Caffarra, arzobispo de Boloña, Raymond Leo Burke, Prefecto de la Signatura Apostólica, y los eméritos Walter Brandmüller y Velasio De Paolis. Además colaboran el arzobispo Cyril Vasil', Secretario de la Congregación para las Iglesias Orientales, y otros expertos. En ambos volúmenes el tema central es la participación a la Eucaristía para los divorciados que viven una segunda unión, misma que se declara inadmisible.

La inédita operación mediática (a la que se suman también, en la misma sintonía, un texto del cardenal Angelo Scola y un libro que está por ser publicado del cardenal australiano George Pell, “ministro” de Economía vaticano) ha sido presentada como una respuesta a las aperturas que planteó como hipótesis en febrero de este año el cardenal alemán Walter Kasper, a quien Francisco había encomendado la relación introductiva del Consistorio. Frente a todos los cardenales, Kasper habló sobre el tema de la familia y, en la última parte de su articulado discurso, hipotizó (caso por caso, en determinadas circunstancias y tras un recorrido penitencial) la posibilidad de volver a admitir a los divorciados que se han vuelto a casar a la comunión. El discurso causó muchas reacciones entre los cardenales y al día siguiente, tomando la palabra, Francisco lo elogió, diciendo que consideraba que Kasper hacía «teología de rodillas» y que en su discurso había encontrado «el amor de la Iglesia». Durante los siguientes meses, después de la publicación de aquel texto, se multiplicaron las entrevistas y las declaraciones. Las posturas se polarizaron, la confrontación y el enfrentamiento se llevaron a cabo en la arena de los medios de comunicación, tal y como sucedió durante el Concilio Vaticano II.

Francisco, que considera decisivo el mensaje de la misericordia, sigue invitando a la Iglesia a que salga de sí misma para ir al encuentro de los hombres y de las mujeres en las condiciones en las que viven, quiso que se celebren dos Sínodos sobre el tema de la familia: el primero, extraordinario, se llevará entre el 5 y el 19 de octubre de este año. El trabajo continuará después involucrando a las Iglesias locales y, en octubre de 2015, un nuevo Sínodo (pero ordinario) se opcupará de las conclusiones.

Entrevista con el cardenal Walter Kasper.

Cardenal Walter Kasper, usted habló en febrero sobre el Sínodo frente a los cardenales y propuso una hipótesis sobre la posibilidad de la comunión para los divorciados que se han vuelto a casar. ¿En qué consiste?

No propuse una solución definitiva, sino –después de haberme puesto de acuerdo con el Papa– hice algunas preguntas y ofrecí consideraciones para posibles respuestas. Este es el argumento principal: el sacramento del matrimonio es una gracia de Dios, que convierte a los esposos en un signo de su gracia y de su amor definitivo. Incluso un cristiano puede fracasar y, desgraciadamente, hoy muchos cristianos fracasan. Dios, en su fidelidad, no deja caer a nadie y, en su misericordia, da quienes quieren convertirse una nueva oportunidad. Por lo tanto, la Iglesia, que es el sacramento, es decir el signo y el instrumento de la misericordia de Dios, debe estar cerca, ayudar, aconsejar, animar. Un cristiano en esta situación tiene una necesidad particular de la gracia de los sacramentos. No se pueden conceder segundas nupcias, sino –como decían los Padres de la Iglesia–, después del naufragio, una barca para sobrevivir. No un segundo matrimonio sacramental, sino los medios sacramentales necesarios en su situación. No se trata de una solución para todos los casos, que son muy diferentes, sino para cuantos hagan todo lo que les sea posible en sus situaciones.

¿Puso usted en duda la indisolubilidad del matrimonio cristiano?

La doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sacramental se basa en el mensaje de Jesús; la Iglesia no tiene el poder para cambiarla. Este punto no cambia. Un segundo matrimonio sacramental, mientras la pareja siga con vida, no es posible. Pero hay que distinguir la doctrina de la disciplina, es decir la aplicación pastoral en situaciones complejas. Además, la doctrina de la Iglesia no es un sistema cerrado: el Concilio Vaticano II enseña que hay un desarrollo, en el sentido de una posible profundización. Me pregunto si es posible, en este caso, llevar a cabo una profundización semejante a la que se dio en la eclesiología: aunque la Iglesia católica sea la verdadera Iglesia de Cristo, hay elementos de eclesialidad también más allá de las fronteras institucionales de la misma Iglesia católica. En ciertos casos, ¿no se podrían reconocer también en un matrimonio civil algunos elementos del matrimonio sacramental? Por ejemplo, el compromiso definitivo, el amor y el cuidado recíproco, la vida cristiana, el compromiso público, que no existen en las parejas de hecho.

¿Qué le parece la publicación de este nuevo libro con aportes de cinco cardenales, incluido el Prefecto Müller?

Me ha sorprendido. Lo supe hoy gracias a los periodistas: a ellos les enviaron el texto, a mí no. Nunca me había sucedido nada parecido en toda mi vida académica.

¿En la historia reciente de la Iglesia ha sucedido que algunos cardenales hayan intervenido con esta forma organizada y pública antes de un Sínodo?

Durante el Concilio Vaticano II y en el post-concilio existían las resistencias de algunos cardenales frente a Pablo VI, incluso por parte del entonces Prefecto del Santo Oficio. Pero, si no yerro, no con esta modalidad organizada y pública. Si los cardenales, que son los colaboradores más cercanos del Papa, intervienen de esta manera (por lo menos en relación con la historia reciente de la Iglesia), nos encontramos frente a una situación inédita.

¿Qué espera que suceda durante las próximas semanas, en el debate sinodal?

Espero que podamos tener un intercambio sincero y tranquilo de experiencias pastorales, de argumentos, en una atmósfera de escuhca. No respuestas prefabricadas, sino aclaraciones sobre el “status quaestionis”, y luego habrá todo un año para la discusión a nivel local, antes de las decisiones de 2015.

¿Le parece que Papa Francisco hable demasiado de misericordia?

¿Cómo es posible hablar demasiado de un tema que es fundamental en el Antiguo Testamento? Claro, la misericordia no contradice la doctrina, porque es en sí misma una verdad revelada, y no cancela los mandamientos del Señor; pero es una clave hermenéutica para su interpretación. Papa Juan XXIII en la apertura del Concilio dijo: «Hoy, la Iglesia debe usar no las armas de la severidad, sino la medicina de la misericordia». La misericordia es, pues, el tema central de la época conciliar y post-conciliar de la Iglesia católica.


lunes, 25 de agosto de 2014

LA REUNIÓN DEL ARZOBISPO ESCOBAR ALAS CON EL PRESIDENTE SÁNCHEZ CERÉN


Varios noticieros salvadoreños han difundido la noticia de la reunión que el arzobispo de San Salvador ha sostenido con el presidente de El Salvador.

Se dice que en la reunión se trató el tema de cómo combatir la inseguridad que viven los salvadoreños.

A rigor de verdad, la reunión no está dentro de una agenda de trabajo conjunto entre Arzobispado y Presidencia de la República y menos aun entre Iglesia Católica y Presidencia de la República. 

Es más bien una respuesta del Gobierno salvadoreño a las declaraciones que hizo el arzobispo, en las que afirmó que el Estado salvadoreño es un Estado fallido.

Puede ser que el arzobispo no se sintiera suficientemente tomado en cuenta por parte del gobierno del FMLN, con lo cual sus acusaciones acerca del Estado fallido no procederían de un auténtico sentido profético, sino de una añoranza de mayor presencia en el plano político y mediático.  De hecho, luego de la reunión con Sánchez Cerén sus posiciones respecto de lo mismo, son más matizadas. La diplomacia funciona, pero ella no es equiparable a un plan conjunto de combate a la violencia.

No hay que olvidar que otro obispo, Mons. Fabio Colindres, estuvo en primera fila en el proceso de la llamada "tregua", entonces Escobar Alas pasó a segundo plano y hoy al hablar de Estado fallido, pone en peligro la estabilidad de los sueldos y grados militares que los sacerdotes y obispos (capellanes militares) que el mismo Estado "fallido" paga a miembros de la jerarquía católica. 

Son tiempos de confusión. La captura del padre "Toño" lo confirma. También lo confirma la desaparición mediática de Mons. Fabio Colindres. ¿No debería estar presente en esta reunión Mons. Fabio Colindres, siendo como es, el Obispo del Ordinariato Militar, capellán de la familia del presidente y el que mejor conoció el proceso anterior de "tregua"con lo mareros?

Ni el presidente de la República ni el arzobispo tienen permitido jugar a las escondidas con el pueblo salvadoreño.